Pues si, para que negarlo que he tenido mucho tiempo, por así decirlo, libre. Pero no es cualquier cosa, he leído y leído bastante, y el sitio que ha acogido mis tardes de ocio ha sido mi café de siempre, el Blue.
El Blue, como lo dijo Andrés, ya es el lugar donde decimos: “Vamos a casa de Puga a tomar café”. Y si, ya se convirtió en como la segunda casa donde yo habito, donde conozco y platico con infinidad de personajes que cada día pasan por ahí.
Ellos son de todo tipo, primero existe el famosísimo Cesar, es todo un ente que deambula todos los días, con trastornos mentales realmente severos, siempre con una cicatriz en la frente y buscando quien le invite un cigarro, le compre algún cd quemado (que la verdad habría sido como abrir la caja de Pandora escucharlo), o solo por distraerse. También existe un entrenador de perros, abogados, un par de italianos, los amigos, etc.
Curiosamente comencé hoy mi lectura anual del libro “La Tregua” de Mario Benedetti, tiene algo ese libro que me fascina, novelas he leído muchas pero esa tiene algo en particular que me llama la atención y que, a su vez, es tan parecido a otro que leí que se llama “Trífero” de Ray Liotta.
Pro una lado en La Tregua está Martín Santomé, viudo, en sus 50 años, con la vida todavía por delante, y con conflictos familiares. Por el otro, está Trífero, viudo, en sus 50 años, con la vida todavía por delante, y con conflictos familiares…yo lo sé, podrían ser la misma historia pero con encuadernado distinto, pero no lo es.
Lo que me resulta cómico es que en las dos historias te das cuenta que el mundo sigue siendo lo mismo, los mismos conflictos, mismos deberes, el ocio proviene de las mismas raices, y yo, me pregunto lo mismo de ellos cuando pasa la vida.
Pero para acentuar y describir el porque de estos libros, necesito comentar de dos personajes que acuden a mi café todos los días: El italiano y el hombre del ajedrez. Los apodos son un poco extraños, ya sé que tiene nombres pero yo prefiero describirlos aquí así.
EL hombre del ajedrez se me figura mas a Santomé, callado, delgado, y de lentes, siempre con un libro best seller y para cuando ya se hartó de lo que leen los demás, opta más por algo menos terrenal como filosofía, con su cuaderno hace apuntes que yo considero que son los mismos que haría Martín Santote en su etapa de retiro cuando acaba la novela, celoso de sus notas las cubre cada vez que puede y es ordenado y mesurado con sus cigarros, siempre con un americano con leche y en la cajuela de su automóvil un ajedrez a la mano. Hoy curiosamente, mientras leía la novela, me figure a aquel personaje en su retiro voluntario, ya sin Avellaneda y recordando porque comenzó ese diario, porque lo seguirá haciendo y hacia donde se van sus días que todos son domingos.
Cabe destacar que es EL reto para jugar ajedrez y hoy, logre defenderme como samurai que ya tiene nivel medio-avanzado de Katana. Levantándome para despejarme de la vida de mi libro me invitó a jugar, todo iba perfecto, mis alfiles atacaban y eran protegidos por sus peones con cara de asustados, los caballos se movían con elegancia, comían una torre y se iban a jugar a la llanura de los cuadros blancos y negros, la reina se iba de shopping y regresaba con un sequito de torres a sus pies (y no, no es totalmente palacio), y así yo me relamía mi victoria segura. No pasó.
Por otro lado, mi buen amigo Italiano, con el que puedo platicar de la inmortalidad del café expreso hasta sociología, marketing, etc. Para mi, él es como Trífero, quitémosle lo viudo y es parecido, viajante del mundo, que hace todos los oficios posibles, feliz, con bigote y estatura media, alegre y mi maestro de ajedrez, siempre con un expreso o americano (ya que los italianos el café americano es mas una bebida que café), sonriente, con historias de cuando en Europa a los 8 años fue a un concierto de Los Beatles, o como ganar dinero en la vida moderna. Elocuente el muchacho.
Para mi, hoy en mis horas de debraye, verlos a los dos jugando un partido de ajedrez fue como ver a dos escritores peleando porque sus personajes tuvieran una vida mas galardonada que las de el oponente, con la mirada fija en sus movimientos y queriendo sobresalir el uno con el otro (cabe destacar que los dos personajes en las novelas tiene finales no tan felices o premiados), y de pronto cuando la partida estaba en su mejor punto…¡COMPLOT!, la luz de toda la colonia se esfumó, los peones se asustaron y hablaron a sus casas, los alfiles se treparon a sus caballos y huyeron mientras que la reina de negras ya estaba bazuqueándose con el rey del oponente, no era posible, que pasaría con la fortuna de aquellos literatos, que pasaría mas aun conmigo.
Me fui un poco indignado, pensando que sería mi fortuna, estaba viendo como dos hombres terminaban su historia y yo, me reflejaba en sus escritos, ya que los dos decían como a sus ventitantos años estaban llenos de sueños como yo, luchaban por lo que querían y que, al final, la vida no les había sonreído como esperaban. Incertidumbre.
Pero no me preocupa, no estoy en el punto de pensar que no tiene sentido lo que se haga si la fortuna es quedar así viudo, en tus 50 años, con la vida todavía por delante, y con conflictos familiares, porque sé que hay algo más, y ese algo más depende de tomar menos café, debrayar mas sobre mi futuro y trabajar por ello.
DATO CURIOSO DEL DIA
Consumí alrededor de 4000 calorias.
Current mood: 
bouncy
Current music: JAZZ...solo JAzz